El compositor mexicano regresa al violín eléctrico con una obra que une orquesta, efectos sonoros y un imaginario cósmico.
El próximo 5 de diciembre, el Museo Kaluz de la Ciudad de México será escenario del estreno nacional de Antiphaser, el nuevo concierto para violín eléctrico del compositor mexicano Enrico Chapela.
La obra, que ya tuvo su primera presentación en Seattle y próximamente viajará a Escocia, marca un punto clave en la trayectoria del autor: un regreso a sus raíces eléctricas y progresivas sin abandonar el rigor de la música contemporánea. El músico habla de esta pieza como un cruce entre mundos, una exploración que une la orquesta sinfónica con la potencia y plasticidad de los efectos de guitarra eléctrica.
Compuesto antes de la pandemia, Antiphaser nació durante una etapa particularmente intensa para el compositor. Trabajaba simultáneamente en Braceros y en el encargo de este concierto, lo que lo llevó a invertir alrededor de seis meses en su creación. No se trató solo de resolver una partitura, sino de replantear el papel del violín eléctrico dentro de un formato sinfónico.
“Cuando yo era joven tocaba la guitarra eléctrica. Tuve una banda de metal, una de jazz latino y otra de reggae. Eso me hizo familiarizarme con los efectos y me llevó, eventualmente, a que me encargaran primero un concierto para cello eléctrico y ahora uno para violín eléctrico”.
Enrico Chapela
La pieza retoma esa experiencia juvenil para integrarla a un lenguaje orquestal sólido. En Antiphaser, los efectos típicos de la guitarra eléctrica —wawa, chorus, phaser, delay y distorsión— dialogan con la tradición del violín clásico.
Pero, a diferencia de su concierto Magnetar, marcado por influencias más metaleras, Chapela quiso en esta ocasión sumergirse en atmósferas del rock progresivo y rendir homenaje a bandas como Pink Floyd y King Crimson.
“Decidí enfocarme más hacia lo progresivo. Quería usar a fondo los efectos de cambio de fase que en Magnetar habían sido más cosméticos”.
Enrico Chapela
El nombre del concierto es una historia aparte: parte técnica, parte astronómica. Al buscar un título que hiciera referencia al phaser y, al mismo tiempo, conviviera conceptualmente con Magnetar, Chapela encontró inspiración en las fases opuestas entre la Tierra y la Luna.
“Si uno estuviera sentado en la Luna viendo hacia la Tierra”, detalla, “las fases serían las contrarias a las de la Luna. Por eso Antiphaser: la fase opuesta”. Ese juego conceptual es también un puente para el plan que ya se encuentra en marcha: grabar ambos conciertos —Magnetar y Antiphaser— en un mismo disco bajo el sello Urtext.
En términos creativos, Antiphaser surgió desde la experimentación directa. Enrico Chapela afinó su guitarra eléctrica como violín y comenzó a improvisar con phaser y delay para generar ideas que luego orquestó.
Ese proceso, al que llama “palomazo”, es esencial para él: una forma de intuición sonora antes de entrar al terreno estructurado de la notación. “La improvisación te permite encontrar cosas emocionales”, dice.
Con una carrera respaldada por estrenos nacionales e internacionales, premios y colaboraciones con importantes orquestas, el artista asume el reconocimiento con prudencia. Afirma que lo que lo mueve no es el aplauso, sino el “placer del sonido”, esa satisfacción íntima de cocinar una música que lo conmueva primero a él mismo. “Es como preparar un plato y ajustar la sal y la pimienta hasta que logras ese orgasmo gastronómico”, contó.
Al recordar el origen de su vocación, Enrico Chapela no habla de una epifanía puntual, sino de una etapa formativa: la adolescencia, las primeras canciones de The Cure y Guns N’ Roses, la sorpresa de descubrir que podía tocarlas, el encuentro con la guitarra eléctrica y la música contemporánea.
Sus padres, ambos científicos, apoyaron su elección sin miedo a los prejuicios que rodean a las carreras artísticas. Hoy, Chapela defiende con vehemencia la importancia de seguir la vocación:
“Quien se mete a estudiar algo que no ama es un pusilánime. El liderazgo en cualquier profesión depende de la pasión. Pero alguien que no está dispuesto a desvelarse toda la noche y no dormir para entregar algo porque no le gusta lo que hace, pues va a ser un mediocre en su profesión”.
Enrico Chapela

Con Antiphaser, Enrico Chapela ofrece más que una pieza: un manifiesto sonoro donde confluyen tradición, experimentación, nostalgia eléctrica y un vasto imaginario cósmico. Una invitación al público para escuchar, con otros oídos, cómo suena la fase opuesta.
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